Dani Carvajal no cambió su alimentación por moda. Lo hizo por necesidad. Por supervivencia deportiva. El lateral del Real Madrid pasó, en apenas unos años, de ser un jugador indestructible a convivir con las lesiones musculares como un enemigo constante. Algo no cuadraba. Y decidió buscar respuestas donde pocos miran: en el plato.
Ahí apareció Itziar González de Arriba. Y con ella, un punto de inflexión.
El propio Carvajal llegó con dudas. Más por desesperación que por fe. Venía de perderse grandes citas y de competir siempre con el freno de mano puesto. “Solo quien está acorralado entiende ese paso”, explica Itziar. Tras estudios, análisis y un trabajo conjunto con los médicos del club, saltó una alarma clara: el gluten.
El cambio que lo cambió todo
“En su caso vi cambios increíbles a nivel visceral, muscular y en las analíticas”, explica la nutricionista. El gluten era un detonante directo. No uno más. “Si se pasa con otros alimentos, el bajón llega días después. Con el gluten, el impacto muscular es inmediato”.
Carvajal lo notó enseguida. Él mismo lo contó en Relevo. “Me lo quité de la dieta. Evito la carne roja y cuido mucho la suplementación antes y después de los partidos”. No fue magia. Fue método. Y constancia.

Itziar insiste en que no hay recetas universales. “Yo no quito el gluten por sistema. Solo cuando hay una reacción clara a nivel muscular o de rendimiento”. En el caso de Dani, era evidente.
Nutrigenómica y fútbol de élite
Su enfoque va más allá de comer “bien” o “mal”. Habla de genes. De respuestas individuales. “Busco primero la salud óptima y luego el rendimiento. No hay dos cuerpos iguales. Ni dos futbolistas”.
También importa la posición. Un lateral necesita repetir esprints sin romperse. Un delantero, explosividad. “Hay que encontrar el equilibrio”, repite Itziar como mantra.
Hay alimentos fijos. Innegociables. “Llevo el brócoli por bandera. Es antiinflamatorio puro”. Arándanos, granadas, pescado, trigo sarraceno. Y una cruz clara: la leche de vaca.
Incluso los horarios cuentan. “Los órganos no se adaptan al fútbol. Hay que adaptar la dieta al reloj biológico y a los partidos”.
Hoy, Carvajal sigue cuidándose al milímetro. Porque entendió algo clave: para competir al máximo nivel, el cuerpo también se entrena fuera del campo. Y empieza en la cocina.