Álvaro Arbeloa se iluminó cuando le preguntaron por Jude Bellingham en la rueda de prensa previa al partido en el Estadio da Luz. No hubo cotillón, ni metáforas forzadas. Fue honesto, directo, casi orgulloso.
“Jude Bellingham es increíble”, soltó con una sonrisa. Y no era un piropo de escaparate, sino el reconocimiento sincero de un entrenador que disfruta del día a día con uno de los futbolistas más vibrantes del momento.
“Es un jugador increíble, pero también es un tipo que quiere ser líder, corre, trabaja duro. Su nivel en los entrenamientos, su compromiso, es una locura. Es un honor para mí entrenar a Jude Bellingham”, añadió Arbeloa con ese tono que mezcla respeto y fascinación.

No hubo exageración en sus palabras, más bien la constatación de algo que se ve cada día en Valdebebas: Bellingham no baja el pistón ni cuando nadie mira.
El motor incansable del Madrid
Arbeloa no pudo resistirse a soltar una anécdota que ya circula en el vestuario: “Le he pedido que deje de correr, no es normal”. Y claro, soltó una sonrisa cómplice con los colegas de prensa.
"Le he tenido que pedir a Bellingham que pare de correr" pic.twitter.com/Af4A38zZ3a
— MARCA (@marca) January 27, 2026
No es que Bellingham sea un robot, es que tiene una sed de balones, de trabajo y de compromiso que pocos tienen. Corre sin pedir permiso, presiona como si cada balón fuera el definitivo y, sobre todo, contagia. Ese tipo de energías no se enseñan: se sienten.
Más que un jugador, un ejemplo
Para Arbeloa, Bellingham es ese futbolista que te cambia un entrenamiento malo por uno bueno, que levanta la voz cuando hace falta y que también la baja para escuchar.
Su rendimiento ha puesto la vara muy alta para todos. Y Arbeloa, lejos de quejarse, lo disfruta, lo valora y lo cuenta como quien está viendo crecer a un crack frente a sus propios ojos.
Con Bellingham en el corazón del proyecto, el Real Madrid encara el duelo europeo sabiendo que hay alguien capaz de marcar la diferencia, tanto dentro como fuera del campo.