Eduardo Camavinga volvió a sonreír en Mendizorroza. Y no solo por los tres puntos ante el Alavés. El francés marcó un auténtico golazo que rompió una sequía de más de dos años en LaLiga.
“¿Mi gol? Suelo marcar muchos goles en los entrenamientos”, confesó en Real Madrid TV. “Mi papá siempre me dice que tire. Lo hice, marqué y estoy muy contento. Me da confianza”.
El centrocampista llevaba 95 partidos sin marcar en Liga. Su último tanto fue en marzo de 2022, ante la Real Sociedad. Desde entonces, Camavinga no había visto puerta en competición doméstica.

El gol fue más que un simple tanto. Supuso una liberación personal. Camavinga necesitaba ese momento. Y llegó justo antes de perderse el duelo de vuelta ante el Arsenal por sanción.
El partido en Vitoria fue gris, trabado y sin brillantez. Pero el francés apareció con una acción individual que cambió el rumbo del partido.
Además del gol, Camavinga firmó un partido muy completo. Cinco balones recuperados, empatando con Tchouameni. Y seis regates completados, más que ningún otro jugador blanco.
La voz de su padre
El propio jugador reconoció que su entorno ha sido clave. Especialmente su padre, que siempre le anima a intentarlo. “Mi padre me decía que disfrutara siempre. Esta vez pude hacerlo”, dijo tras el encuentro.
El tanto no solo fue importante para el equipo. Fue una inyección de moral para él. En los últimos meses, Camavinga había sido criticado por imprecisiones y cierta ansiedad en su juego.
Su partido en Mendizorroza mostró otra cara. Más sereno, más seguro, más decisivo. Volvió a gustarse, volvió a sonreír.

Tras el gol, Camavinga corrió directo hacia Vinicius. El brasileño es uno de sus grandes amigos en el vestuario. Juntos celebraron una jugada que puede ser un punto de inflexión en la temporada del francés.
Ancelotti también sonríe. Ver a Camavinga en forma es una gran noticia para el técnico italiano, especialmente con el calendario apretado que viene.
Este lunes fue su día. En vísperas de Semana Santa, el ‘6’ del Madrid resucitó su mejor versión. Y todo empezó con un consejo de su padre: “Tira, Eduardo, tira”.